Riesgos en Internet

Los peligros de la Red para los menores de edad


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Navarra presenta un plan para fomentar el uso seguro de Internet entre los menores coordinado por PantallasAmigas

Presentación de Disfruta la Red con seguridad (02/03/2010)Los consejeros de Innovación, Empresa y Empleo (José María Roig) y de Educación (Alberto Catalán) presentaron esta mañana el plan Disfruta la Red con seguridad para el uso seguro y responsable de las TIC por parte de los menores navarros de entre 10 y 16 años, cuya ejecución ha sido adjudicada a PantallasAmigas.

Dentro de esta iniciativa, se va a desarrollar un plan piloto para alumnos de Secundaria en el IES de Zizur Mayor y otro con el alumnado de 5º y 6º de Primaria en dos centros de Tudela y uno de Funes.

El plan piloto también está dirigido a madres y padres de los centros escolares implicados, así como a su profesorado. Entre las acciones previstas se contemplan:

  • sesiones específicas de muestreo
  • dos sesiones de formación por aula
  • una sesión informativa para padres
  • talleres prácticos modulares optativos para padres
  • y una sesión de formación específica con el profesorado.

A los profesores se les proporcionará información específica sobre ‘ciberbullying‘ relacionada con la convivencia escolar y uso seguro y responsable de Internet en general.

Algunos de los temas que se abordarán en las sesiones capacitadoras para formadores de padres y madres son:

  • privacidad y datos personales
  • precauciones con el uso de la Webcams
  • redes sociales, ventajas y riesgos
  • contactos con desconocidos
  • privacidad, manejo de la imagen y los datos personales
  • ciberbullying
  • grooming
  • sexting y medidas preventivas
  • responsabilidades legales de las acciones cometidas en Internet.

Los objetivos específicos del Plan, que será coordinado por Jorge Flores Fernández, director de PantallasAmigas, son:

  • capacitar a los menores para el uso responsable, seguro y saludable de la red
  • aumentar la información y los conocimientos entre el personal docente y los padres
  • crear una base sólida de profesionales especializados en todo el territorio foral
  • conocer cuáles son los usos y necesidades del público destinatario
  • extraer conclusiones que puedan servir de base al Departamento de Educación para su extensión al resto de centros.

Vídeo en las noticias de Canal 6 Navarra.

Fuentes: Diario de Navarra y Gobierno de Navarra

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Justin Berry, un caso para recordar los riesgos de la webcam

En un momento en que las webcams proliferan como setas por los cuartos de los menores internautas de medio mundo es útil recordar un caso que conmocionó a la opinión pública hace unos pocos años y que avanzó cuáles pueden ser algunos de los riesgos más graves que pueden acompañar a este periférico. Justin Berry, un muchacho estadounidense, montó un negocio de pornografía infantil en la que él mismo era protagonista, con tan sólo 13 años. Estuvo obteniendo beneficios de mostrarse desnudo y manteniendo relaciones sexuales ante la webcam durante 5 años. Finalmente obtuvo inmunidad de la justicia de su país a cambio de aportar información sobre el mundo de porno infantil online el que se movió durante esos años de ignorado y lucrativo delito adolescente. Hoy en día Justin da conferencias acerca de los peligros de la Red, el alcoholismo y el abuso de otras drogas.

Él era un chico normal, delegado de su clase, deportista, con buenas notas y que incluso tenía su propio negocio de desarrollo web. Pero, de manera secreta, también era una estrella de los webs de pornografía infantil desde los 13 a los 18 años. Todo comenzó cuando instaló su webcam a la búsqueda de amigas de su edad, algo que no encontraba fácilmente en el mundo real. Lo que acabó encontrando en un directorio de webcams fueron mayormente hombres que se deshacían en halagos, llenaban un vacío emocional en su vida y le ofrecían regalos. Un día uno de ellos le ofreció 50 dólares por quitarse la camiseta delante de la webcam: él pensó, “¿por qué no aceptarlos si hacía lo mismo gratis cuando iba a la piscina?”. Así fue como empezaron 5 años en los cuales acabó vendiendo imágenes de su cuerpo en Internet, masturbándose y manteniendo relaciones sexuales frente a la cámara por dinero. Llegó a tener unos 1.500 clientes que le reportaron cientos de miles de dólares.

Fue descubierto en Internet por un reportero del New York Times, Kurt Eichenwald, que acabó convenciéndolo para dejar la pornografía y acudir a las autoridades. Finalmente el caso fue desvelado al público en un artículo publicado en diciembre de 2005 titulado Through His Webcam, A Boy Joins A Sordid Online World. El reportaje revelaba la existencia desde hacía años de webs de pornografía de pago protagonizada por menores (a menudo guiados por adultos) como el de Justin, cuyos contenidos eran generados desde los cuartos cerrados de los menores, en casa de sus padres, y que seguían siendo intercambiados online incluso cuando estos webs desaparecían.

En este tipo de webs los menores (que se bautizaron colectivamente como camwhores en los tiempos de Justin) programan masturbaciones retrasmitidas en directo o incluso aceptan shows privados interactivos donde realizan lo que los clientes les piden vía chat, en una especie de Matrix de las webcams, que sólo unos pocos conocen. En otros webs más amateurs los/las adolescentes ofrecen imágenes más y más atrevidas, simplemente a cambio de recibir más votos que otros/as.

Al de un tiempo de comezar su ilegal negocio, Justin poco consciente de los riesgos que implicaba, acudió a una cita con uno de los adultos implicados en él y sufrió abusos sexuales, que marcaron el comienzo de una etapa de sórdida caída en la que negociaba dura y fríamente con sus clientes, amenazaba a otros adolescentes competidores, iba separándose de su vida real, etc. Cuando tenía 16 años un antiguo compañero de clase descubrió vídeos de Justin en Internet y los comenzó a distribuir en la ciudad, incluso a compañeros del colegio. Entonces Justin dejó de ir a clase, según le dijo a su madre por problemas con los compañeros, para seguir sus estudios a través de teleformación. Posteriormente marchó a México con su padre, a quien puso al corriente de sus actividades (según revelaría más tarde) y comenzó a emitir relaciones con prostitutas en un tercer sitio web que abrió (con un modelo mayor de edad en la portada para dar una fachada de legalidad), y a consumir cada vez más marihuana y cocaína. Sufrió repetidos abusos por parte de otro cliente y comenzó sus intentos de abandonar esa vida, vagando por los Estados Unidos, refugiándose en la religión y incluso considerando el suicidio. Pero para su adicción a las drogas necesitaba el dinero y acabó asociándose con uno de sus clientes-abusadores en un nuevo web donde además de él, se ofrecían imaǵenes de otros adolescentes: al cumplir los 18 cruzó con ellos la línea que separaba la víctima menor del abusador adulto. Fue poco después cuando fue contactado por el reportero del NY Times y se abrió para él una vía de salida de aquel mundo.

El posterior testimonio de Justin ante comités del Congreso estadounidense ayudó a endurecer las leyes de ese país contra la pornografía y el abuso infantiles en Internet.

Ya en los primeros años del siglo los adultos buscaban a menores de directorios de webcams y en webs de hacer amigos (hoy son llamados redes sociales online) y si respondían a sus mensajes comenzaban el proceso conocido como grooming. Algunos adolescentes piden regalos por medio de las listas de deseos de algunas tiendas online (uno de los habituales que reciben son precisamente cámaras de mayor calidad, para nutrir a los groomers con lo que desean), reciben recargas de móviles y otros incluso llegan a cobrar cuotas mensuales a sus clientes. En estos casos algunos negocios online se benefician indirectamente de esta lucrativa actividad ilegal.

Aunque lógicamente no todos los protagonistas de este tipo de pornografía se lucran: muchos menores ni siquiera son conscientes de ser explotados, cuando realizan sexting o sexcasting voluntariamente, y dichas imágenes acaban en webs porno. El sexting, el grooming, las webcams y graves delitos como la explotación y el abuso sexuales están unidos en la Red de una manera que los padres y los menores deberían conocer para evitar historias como la de Justin Berry.

Fuente: Wikipedia y The New York Times.